El lado oculto de la industria de alimentos CasaFen - Photo by Huib Scholten on Unsplash

El lado oculto de la industria de alimentos

Una reciente publicación de la prestigiosa revista científica JAMA Internal Medicine reveló la controvertida historia que ha tenido la ciencia nutricional en las últimas décadas.

En el artículo, un grupo de investigadores de la Universidad de California San Francisco realizaron una exhaustiva revisión de documentos internos de la industria azucarera que demuestran cómo la industria buscó influenciar el debate científico sobre las causas dietarias de la enfermedad coronaria, debate que aún está en pleno desarrollo en la actualidad.

Los documentos encontrados muestran que la industria azucarera no solo pagó sino que inició e influenció las investigaciones para que el consumo excesivo de azúcar no sea considerado como un factor de riesgo cardiovascular. A pesar que los estudios en esos años mostraban una relación entre dietas altas en azúcar y riesgo cardiovascular, la industria azucarera prefirió enfocar a los científicos y a los responsables de generar políticas de salud público, en el rol de la grasa y el colesterol en el aumento de la mortalidad cardiovascular.

En la década de 1950 una desproporcionada alza de la mortalidad por enfermedad coronaria (infartos cardíacos) en los hombres de Estados Unidos llevó a muchos investigadores a estudiar el rol que jugaban los factores dietarios en generar esta enfermedad. Se estudiaron el colesterol, el exceso de calorías, los hidratos de carbono, las grasas, las proteínas, los fitoesteroles, vitaminas y minerales.

Ya en la década de 1960, dos prominentes fisiólogos lideraban dos hipótesis muy divergentes sobre la causa del aumento de la mortalidad por enfermedad coronaria. John Yudkin identificó el exceso de azúcar en la dieta como el agente causal primario, mientras que Ancel Keys identificó a las grasas totales, las grasas saturadas y el colesterol como las responsables.

En los documentos revisados se encontró evidencia que la industria azucarera pagó el equivalente actual de 48.000 dólares a tres profesores de nutrición, nada menos de la Universidad de Harvard, para publicar un artículo de revisión que refutaría la evidencia que ligaba a la azúcar con la enfermedad coronaria. Este artículo se publicó el año 1967 en dos secciones de la prestigiosa revista médica New England Journal of Medicine.  En el artículo los autores minimizaron los estudios que ligaban al azúcar con el riesgo cardiovascular, dando notoriamente mayor relevancia a los artículos  que culpaban a las grasas saturadas, siendo que ambas aumentaban el riesgo cardiovascular como lo demostraban los estudios de aquellos años.

Los autores admitieron financiamiento de parte de la Fundación de Nutrición (que es sabido que recibe fondos desde la industria de alimentos), pero nunca mencionaron el financiamiento específico de la industria azucarera.

 azúcar - casafen

En la década de 1980, muy pocos científicos creían que las azúcares jugaban un rol significativo en la enfermedad coronaria y la primera Guía Directriz Nutricional de los Estados Unidos publicada en 1980 se enfocó en la reducción de las grasas saturadas y el colesterol para la prevención de la enfermedad coronaria.

Por años se mantuvo esta tendencia nutricional y sólo se recomendaba el consumo de azúcar  con moderación, principalmente para la prevención de caries dentales.

El bochornoso caso del año 1967 ocurrió hace ya más de 50 años atrás y parece ser de la historia antigua, pero estas malas prácticas continúan ocurriendo hasta el día de hoy.  En el año 2015, el New York Times obtuvo correos electrónicos que revelaban una amistosa relación entre Coca-Cola e investigadores que se encontraban realizando estudios científicos que buscaban minimizar la relación entre el consumo de bebidas azucaradas y la obesidad.

Más reciente aún, el 2016 Associated Press obtuvo correos electrónicos que mostraban como una Asociación Comercial de Golosinas de Estados Unidos financió e influenció estudios científicos para demostrar que niños que consumían golosinas tenían peso corporal más saludable que aquellos que no las consumían.

Los resultados de estos estudios tienen claras implicancias en la salud pública de todo un país, por lo que se hace urgente y necesario, más allá de un interés académico, transparentar cuando las industrias y las empresas de alimentos financian los estudios científicos.

Como postula la Doctora en Nutrición de la Universidad de Nueva York, Marion Nestle (www.foodpolitics.com), “el financiamiento a los estudios científicos por parte de la industria de alimentos, ejerciendo o no manipulación en forma intencionada, genera desconfianza en las personas con la ciencia nutricional, contribuye a generar confusión a la población sobre cómo alimentarse, y compromete las directrices de alimentación de todo un país, de tal forma, que muchas veces no son las mejores medidas de salud pública.”

La Doctora Nestle se pregunta: “Deberían los investigadores y las sociedades profesionales nutricionales aceptar financiamiento por parte de las industrias de alimentos?” Sin duda, es una pregunta que produce mucho escozor e incomodidad tanto en el área médica-científica como en la industria de alimentos. “Es hora que tanto los investigadores en alimentos y nutrición, como las sociedades científicas, reconozcan el patrocinio y financiamiento de parte de la Industria de Alimentos, tomando medidas para controlar sus efectos y asegurando que los estudios financiados promuevan la salud pública y no el marketing de los alimentos  ni el lucro de las empresas” señala en forma enfática la Doctora Nestle.

Es increíble pero cierto que actualmente la industria del azúcar de Estados Unidos, liderada por la Asociación Azucarera, la Industria de Sacarosa de Washington y la Asociación de Comercio de Washington, sigue negando en forma categórica y sistemática la relación entre la ingesta de azúcar y el riesgo cardiovascular, a pesar de la evidencia científica acumulada los últimos 60 años.

azúcar - casafen

En Chile, pese a que la cantidad de publicaciones científicas y los recursos destinados a investigación son muchos menores en comparación con los Estados Unidos, de igual forma existe el financiamiento, el lobby y la influencia por parte de las grandes industrias de alimentos a los investigadores y a los políticos que formulan las leyes y a diferencia de los EEUU en nuestro país aún estamos en pañales en cuanto a fiscalización, control y vigilancia.

Como ejemplo, me gustaría destacar el debate que se ha generado recientemente respecto a la ley de etiquetado de alimentos, que entró en vigencia en Junio 2016, y que una de sus aristas etiqueta a ciertos productos alimenticios con sellos si es que tienen altas cantidades de azúcar, grasas saturadas, sodio y/o calorías.

Esta ley pertenece a una serie de medidas sanitarias que se han llevado a cabo los últimos años, ya que el principal problema de salud pública en Chile es el sobrepeso y la obesidad, que afectan a más del 60% de la población adulta y más del 50% de la población infantil, y que se asocia a enfermedades cardiovasculares, cáncer, hipertensión arterial, diabetes tipo 2, etc.

Dado que la principal causa de la obesidad es la mala alimentación, se hace urgente un cambio en la alimentación de nuestra población y junto a la educación, esta ley de etiquetados juega un rol importante a la hora de dar la posibilidad al consumidor de elegir el alimento más saludable.

Como lo señaló la Ministra de Salud, “esta ley es una de las políticas públicas de nutrición más importante de los últimos 50 años en Chile, ya que centra sus acciones en la protección de la salud de todos los chilenos, especialmente a los menores de 14 años”, dado que la ley prohíbe tanto la publicidad de productos alimentarios poco saludables dirigidos a este grupo etario, como también la venta de alimentos con juguetes o incentivos adosados al producto. Además prohíbe la venta de alimentos poco saludables en establecimientos educacionales.

En respuesta a esta ley, que claramente perjudica los intereses económicos y el marketing de algunas empresas de alimentos, la Asociación Gremial de Alimentos y Bebidas de Chile (AB Chile), conformada por 20 empresas, entre ellas Coca-Cola, CCU, Carozzi y Nestlé, recientemente lanzó un spot publicitario en donde deportistas, actores y animadores del medio local cuestionan y critican la ley mediante argumentos simplistas cargados de ironía, generando confusión y desinformación en la población mediante publicidad engañosa, lo que considero una falta de ética y responsabilidad moral, tanto por parte de AB Chile como por las figuras públicas y sobretodo los deportistas que se prestaron a realizar aquella campaña publicitaria.

Por todo lo anteriormente expuesto, creo que debemos estar muy atentos, tanto los ciudadanos, los gobernantes, los parlamentarios, las sociedades científicas y los profesionales de la salud a las influencias, las presiones, el lobby y la propaganda engañosa que realizan algunas industrias y empresas de alimentos, con el fin de salvaguardar sus propios intereses económicos, perjudicando el bienestar de las personas a costa de su salud.

Para finalizar, quisiera recalcar el deber y la responsabilidad que tenemos todos los participantes de esta sociedad cada vez más consciente, educada y con mayor acceso a la información, de ser cuidadosos y críticos en la forma como nos alimentamos a diario, así como, del estilo de vida que llevamos, ya que de eso dependerá en gran parte nuestro bienestar y estado de salud.

Dr. Carlos Rau Moreno

Medicina Interna Integrativa

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