Envejecimiento activo/envejecimiento saludable

Desde los 90s a la fecha se han incrementado las preocupaciones mundiales sobre las personas mayores, entre otras razones, por el masivo envejecimiento de la población y por los requerimientos que conlleva, en todos los ámbitos de la vida, de resolver los temas de la vejez (previsión social, participación, capacidades funcionales, visibilidad de sus contribuciones, seguridad en sus entornos, entre otros) y el gran desafío de asegurar el bienestar de lxs adultxs mayores. Una de esas materias se relaciona con nuestra salud, en sentido amplio, y sobre todo con las patologías/enfermedades que podemos experimentar. Se han acuñado conceptos tales como “envejecimiento saludable”, “positivo”, “exitoso” y “activo”, que dan cuenta de diferentes énfasis en su abordaje y en sus aplicaciones prácticas, reconociendo sí, la multidimensionalidad de la vejez y del envejecimiento. No hay un modo único, estandarizado, de vivir la vejez.

El enfoque de envejecimiento activo/saludable integra aspectos cruciales. Para hacer esta revisión, utilizaremos la definición de la Organización Mundial de la Salud del año 2015, que también es usada en nuestras instituciones (Ministerio de Salud, Servicio Nacional del Adulto Mayor): “procesos de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad, con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen, siendo claves la promoción de autonomía e independencia”, todo esto en el marco de derechos establecidos en la Convención Interamericana de Protección de los Derechos de las Personas Mayores (2017), orientados a  asegurar envejecer con dignidad.

Entenderemos por autonomía “la capacidad de las personas para tomar decisiones, actuar y controlar la propia vida, así como asumir la conciencia de la mismas”, en tanto independencia se refiere al “desempeño independiente de las personas en sus actividades diarias, sin que sea necesario la ayuda de otros”(Fundación Matia, 2014). Para comprender el alcance de esto, resulta relevante reconocer el paso del tiempo y los deterioros que podamos tener, así como reconocer el bagaje de conocimientos y experiencias con que contamos. Vivir en nuestras singulares trayectorias y nutrir  las flexibilidades para aceptar la vejez y sus dilemas

Algunas recomendaciones:

Establecidos estos antecedentes más globales, les proponemos una serie de Recomendaciones. Acciones a realizar, potenciar y recuperar en las distintas dimensiones/áreas de nuestra humanidad que apuntan a nuestras “mente, cuerpo, corazón y espíritu”, tales como estilos de vida, funcionamiento cognitivo, redes vinculares, participación social, plan de vida:

1. Estilo de vida, que contempla los hábitos saludables: mantener la higiene del sueño, estructurar las rutinas adecuadas a nuestros intereses y actividades pertinentes a las condiciones de nuestros cuerpos. La realización de actividad física, métodos de relajación, usando técnicas como el Qi gong, meditación o prácticas que nos ayuden a mantenernos en el presente; y muy importante, dedicación a la nutrición y alimentación apropiada.

Complementariamente, es necesario atender los posibles problemas de salud (tales como diabetes, hipertensión arterial, obesidad, uso y abuso de sustancias, depresiones, entre otras), para que reduzcan sus impactos en nuestras capacidades actuales y futuras. Sugerimos,  desde la óptica de la salud integrativa, holística, con apoyo de medicinas complementarias y alternativas cuando se haga necesario y sea cercano y significativo. Y siempre mantener la movilidad, aún cuando sean necesarias ayudas técnicas.

2. Reforzar el funcionamiento cognitivo. Para ello proveerse de métodos/técnicas de estimulación cognitiva, ejecutar ejercicios mentales, estudiar nuevas cosas; aplicar estrategias para recordar lo que necesitemos; lecturas, uso de tecnologías. Y abordar una significativa y relevante reestructuración de ciertas creencias que de estar presentes, nos obstaculizan seguir creciendo. Dicho de otro modo, propender a un estilo de pensamiento más alentador y liviano

También procura beneficios el seguir realizando actividades laborales, actividades que nos demanden mentalmente, realizar oficios, usar los tiempos de modo que nos haga sentirnos bien, interconectados y considerar espacios de soledad (estar con unx mismx), que son igualmente necesarios.

3. Mantenimiento de interacciones afectivas: vínculos y relaciones positivas con otr@s.
En estas etapas propiciar funcionamiento afectivo saludable es muy importante. De ser necesario, asesorarse con especialistas para hacer entrenamiento en habilidades emocionales y aprender a manejar de manera más adecuada los miedos y tristezas, las rabias-iras, las ansiedades y los miedos, así como explorar los afrontamientos de los conflictos desde formas saludables y asertivas. Así, respecto de los problemas que experimentemos, intentar resolverlos con nuevos métodos, hacer análisis de aquello que permite compensar pérdidas, ajustarnos a nuevas realidades.

Complementariamente resulta aportador aumentar la percepción de control interno -y no de otrxs- sobre nuestras vidas en las tareas cotidianas, lo que asegurará mantener nuestras independencias y autonomías.
En otros planos, permitirnos la elaboración de pérdidas y duelos que van ligados a estas etapas. Así por ejemplo, la jubilación, con lo que conlleva de pérdida de roles sociales; la muerte de otras personas mayores o de las mismas generaciones; no contar con los mismos recursos económicos de antaño, son situaciones que nos amilanan y que es necesario afrontar y encontrar nuestra forma de integrar.

Y con todo, es saludable disponernos para agradecer lo aprendido, lo vivido, poner en práctica el incrementar las actividades significativas, agradables, creativas, enriquecedoras, alegres y que alimenten el buen humor, el disfrute de encuentros con otrxs.

Considerar un riesgo a prevenir y evitar: No rendirse al triángulo que implican las desesperanzas, el aburrimiento y el aislamiento; porque nos puede llevar “por las calles de la amargura”. Y si descubrimos que ya nos hemos instalado en el amargor, pedir apoyos y ayudas para retomar una vejez activa y amable.

4. Desarrollar y fortalecer nuestro funcionamiento social y participativo: para ello es necesaria la participación en actividades sociales, comunitarias, artísticas y/o políticas, ya sean presenciales, virtuales o una combinación de ambas. Estamos en momentos de la historia en que aportar es fundamental desde los nexos intergeneracionales, de modo de hacer presentes más cuidadosos y futuros buenos para todxs. Resaltar en este escenario las contribuciones y aportes de las personas mayores a sus familias, sus redes sociales y territoriales no es sólo tarea de quienes somos mayores, sino de todxs.

Una mención especial se requiere respecto de personas mayores o en edad mediana que deben apoyar los cuidados de personas mayores con problemas de salud, incluidos los trastornos neuro-cognitivos (“demencias”) u otras patologías de salud mental. Es fundamental que cuenten con apoyo de dispositivos de ayuda (a nivel de establecimientos de salud, territoriales, comunitarios) y tiempos de cuidado para sí mismxs, de modo de disminuir las sobrecargas, los estreses, el burnout y el riesgo de posibles depresiones. Nos cuidamos entre todxs.

Gerotrascendencia

Joan Mowat Erikson, en EEUU y Lars Tornstam en Suecia propusieron la gerotrascendencia, para Joan una novena etapa de la vida (propuesta que culmina la elaborada con Erikson de ocho etapas psicosociales de desarrollo), fase que pone en el centro lo bueno y natural del envejecer, que nos supone transitando en las últimas etapas de la evolución hacia la madurez, la sabiduría y los caminos que nos llevan hacia ella; en la que se cuenta con más perspectiva en la mirada, aceptando lo vivido y la finitud, con vivencias del cosmos y del tiempo distintas, con mayor selección de relaciones significativas.

Una recomendación final: prepararse para la muerte, pero no echarse a morir antes que nos corresponda. Aceptar con ello la muerte que nos habita; así como vivir de acuerdo a lo que dé sentido a los 60s, 70s, 80s -reconociendo son décadas distintas- y guiarnos por pequeños y “realistas” planes de vida para lo que se viene. Esto es clave: fomentar personalmente, y de ser necesario en colaboración con otrxs, cuestiones que potencien los propósitos, con prácticas concretas, asumiendo con claridad lo que eres, lo que amas, lo que necesitas, y para lo que eres “buenx”, de modo de avanzar en el despliegue más reposado de tu humanidad, como se plantea en la filosofía ikigai. Y en estos tránsitos mantener vivas las llamas de la espiritualidad, cualquiera sea lo que ello implique: el amor, alguna religión, la justicia, tus idearios, la naturaleza.

Ana Cáceres Orellana
Psicóloga

Fuentes bibliográficas:

1.- “Modelo de atención centrado en la persona” Fundación Matia: http://envejecimientoenred.wordpress.com
2.- OMS (2015) Informe mundial sobre envejecimiento y la Salud www.who.int
3.- Convención interamericana sobre la protección de los derechos humanos de las personas mayores
4.- MINSAL (2017) Plan Nacional de Salud Mental
5.- “¿Puede uno aprender a envejecer? Un aporte grupo-operativo a partir del tema Gero-transcendencia y Atención personalizada” (2018). Selden, Ann Mari et al. Suecia
6.- “Guía práctica de salud mental y bienestar para personas mayores”, de SENAMA-MINSAL

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